Una puerta que roza, que no cierra o que hay que "levantar" para poder cerrar con llave es una de las chambitas más comunes — y una de las que más se pospone. En la mayoría de los casos tiene una causa simple y una solución rápida.
Las causas más frecuentes
- Bisagras flojas o desalineadas: Con el tiempo los tornillos se aflojan y la puerta cae ligeramente, haciendo que roce o no alinee con el marco. Se resuelve apretando o cambiando los tornillos — a veces con tarugos si el agujero ya está ensanchado.
- Madera hinchada por humedad: En temporada de lluvias la madera absorbe humedad y se expande. Si la puerta cierra bien en época seca pero atora en lluvia, este es el motivo.
- Asentamiento del edificio: Muy común en edificios antiguos de Roma, Condesa y Centro. El marco se mueve ligeramente con el tiempo y la puerta deja de alinear.
- Cerradura o chapa desalineada: El pestillo no entra limpio en el orificio del marco. Se soluciona reposicionando la placa receptora o ajustando la chapa.
¿Cuándo se puede arreglar sin cambiar la puerta?
En la gran mayoría de los casos sí — no hace falta cambiar la puerta, solo ajustar bisagras, cepillar ligeramente el borde que roza, o reubicar la placa de la chapa. El reemplazo completo de la puerta solo se necesita cuando el marco está muy dañado o la madera está podrida.
Lo que no debes hacer
Forzar la puerta repetidamente daña las bisagras más rápido y puede astillar el marco. Si la puerta empieza a atascar, mejor atenderla pronto que esperar a que el problema empeore. Ver servicio de chambitas →
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